Esta Semana Santa, y pese a vivir en Sevilla, ciudad donde la esta fiesta se vive como en ninguna parte, la estoy pasando en Granada. Mi mujer es granadina y hemos venido a pasar la semana en su tierra.
Aunque no soy lo que se dice un “capillita”, y de estos temas entiendo poco o muy poco, intentaré explicaros un poco las diferencias sobre cómo viven ambas ciudades la Semana Santa. Aquí todo es muy distinto a como se vive la Semana Santa en Sevilla. Los pasos son más pequeños, y las cofradías tienen un número razonable de penitentes (entre 300 y 500 la mayoría, no más de 3000 como tienen algunas en Sevilla), lo que te permite ver varias cofradías en una misma tarde sin agobios ni prisas. Además no hay la aglomeración de gente que en Sevilla, puedes acercarte a los pasos, tocarlos, fotografiarlos de cerca, todo sin problemas ni agobios.
Y luego están las espectaculares cuestas del Albaicín, por donde suben muchos de los pasos. Ahí los costaleros echan el resto. Pero lo más curioso que he visto es lo que aquí se llama “la bulla”, y es ponerse delante del paso cuando lo vana encerrar, andando hacia atrás mirando de cara a la figura del palio.
Siempre acompañando las tardes de pasión con unas buenas tapitas (aquí son expertos en eso) estamos pasando una Semana Santa relajada, sin sobresaltos. Y el sábado es el Passio Granatensis, que se da una vez cada 100 años, saliendo todas las hermandades de Granada a la vez (sólo sacan a los Cristos, según me han comentado).
Pero aunque me está gustando la Semana Santa granadina, reconozco que si tengo que elegir me quedo con la de Sevilla. Cuando ves al Gran Poder atravesar la Catedral de Sevilla los pelos se te ponen como escarpias, por poco que te gusten estas fiestas. Por ahora me consolaré a fuerza de tapitas y cervecitas, que aquí de eso sí que controlan y mucho :)
Actualización: he aprovechado y he visto a un par de clientes, uno granadino y otro madrileño con mujer granadina. Saludos a Francisco y a Jorge. Sois grandes.
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